DE LA INMEDIATEZ A LA INFINITUD, COMO LOS GATOS, por Ramiro Calle
Hago mi sesión de hatha-yoga a media mañana. En cuanto mi gato Emile me ve, viene hacia mí y se coloca a mi lado. Da igual si estaba en la terraza o en la cocina o donde fuere, pero es ponerme a practicar sobre la alfombra y se coloca junto a mí, como si quisiera darme su energía o recibir la mía o bien crear un circuito entre ambas. Le gusta, como comprobareis en la fotografía que ha hecho Luisa, practicar el savasana o relajación profunda mientras yo hago los asanas o posiciones de yoga. Se inmoviliza como nadie en savasana. Por algo esta postura quiere decir "la del cadáver", por esa absoluta inmovilidad que consigue Emile, mientras se queda absorto, como en éxtasis, con los ojos en el vacío. Los gatos tienen esta capacidad de quedarse ensimismados, con el cuerpo en una relajación muy profunda; otras veces están muy relajados en la posición que adopten y a la par extraordinariamente alertas. Los que esteis leyendo estas líneas y tengais gatos, sabeis cuán peculiares son estos animales, que fueron domesticados hace cinco mil años y se conviertieron en los preferidos de los egipcios. Un gato puede convertirse en un verdadero mentor. Ayer en clase de meditación, invité a los alumnos que los tienen a observarlos, pues estábamos indagando sobre el ego y es aleccionador ver el tipo de ego tan distinto que tiene un gato, o un perro, a nosotros. Es un ego funcional, instintivo e intuitivo, que no acarrea el disgusto, ni el afán de venganza, ni el rencor, ni la avidez ni el resentimiento. Es un ego que funciona como un mayordomo y no como un amo posesivo, autoritario, que alardea y se envanece, que es ávido y tendente al aborrecimiento.
El gato nos enseña cómo ser a la vez cariñoso e independiente, cómo regular perfectamente el tiempo para que una parte sea para el descanso y otra para la actividad, cómo alimentarse con cuidado y precisión, cómo atender la higiene esmeradamente y cómo ser amoroso pero no atosigante. Es un experto en el arte de acicalarse, pero también de esa manera logra relajarse a sí mismo y a las personas que están alrededor.Tiene más de veinte registros de maullido, su vista y oído alcanzan donde no lo hacen los nuestros, sabe cómo estirarse con llamativa elasticidad y de ahí, por cierto, nació en el hatha-yoga "la postura del gato", que sirve para desbloquear todo el cuerpo. En lugar de atiborrarse de comida, come muchas veces pequeñas porciones al día. En sus deposiciones es muy regular y tiene también su vertiente naturista, aunque no sea vegetariano, porque en cuanto nota que no libebra sus intestinos, se purga con hierbas o plantas. Asi que no veais cómo tiene Emile las plantas de la terraza. Un gato también tiene mucho de funámbulo y equilibrista y pueda pasar por los lugares más insólitos.Ya quisieran los Kalenda (los mejores funámbulos del mundo) tener su espontánea habilidad al respecto. Por un lado es muy amante de la libertad, pero por otro es muy dado a medir y dominar su territorio. Es más ritualista que un monje zen y le gustan más los juguetes que a un lama su mala (rosario). Todavía no está claro cómo consigue ronronear,pero lo hace desde el segundo día de vida y es como un mantra que demuestra que está muy a gusto y que también utiliza como vibración para calmarse a sí mismo y a los otros. Cada día uno puede descubrir alguna característica sorprendente en el gato. O sea, amigos, que a mi no me cabe duda de la verdad que encierran las palabras de Mark Twain que dicen: "Si fuera posible cruzar un gato con un hombre, mejoraría la raza humana , pero empeoraría la gatuna". Por tanto, si teneis gato, amadlo mucho y aprended de él; si no lo teneis, cuando haya ocasión tened uno, con la certeza de que vosotros no le tendreis a él sino él a vosotros.

El gato nos enseña cómo ser a la vez cariñoso e independiente, cómo regular perfectamente el tiempo para que una parte sea para el descanso y otra para la actividad, cómo alimentarse con cuidado y precisión, cómo atender la higiene esmeradamente y cómo ser amoroso pero no atosigante. Es un experto en el arte de acicalarse, pero también de esa manera logra relajarse a sí mismo y a las personas que están alrededor.Tiene más de veinte registros de maullido, su vista y oído alcanzan donde no lo hacen los nuestros, sabe cómo estirarse con llamativa elasticidad y de ahí, por cierto, nació en el hatha-yoga "la postura del gato", que sirve para desbloquear todo el cuerpo. En lugar de atiborrarse de comida, come muchas veces pequeñas porciones al día. En sus deposiciones es muy regular y tiene también su vertiente naturista, aunque no sea vegetariano, porque en cuanto nota que no libebra sus intestinos, se purga con hierbas o plantas. Asi que no veais cómo tiene Emile las plantas de la terraza. Un gato también tiene mucho de funámbulo y equilibrista y pueda pasar por los lugares más insólitos.Ya quisieran los Kalenda (los mejores funámbulos del mundo) tener su espontánea habilidad al respecto. Por un lado es muy amante de la libertad, pero por otro es muy dado a medir y dominar su territorio. Es más ritualista que un monje zen y le gustan más los juguetes que a un lama su mala (rosario). Todavía no está claro cómo consigue ronronear,pero lo hace desde el segundo día de vida y es como un mantra que demuestra que está muy a gusto y que también utiliza como vibración para calmarse a sí mismo y a los otros. Cada día uno puede descubrir alguna característica sorprendente en el gato. O sea, amigos, que a mi no me cabe duda de la verdad que encierran las palabras de Mark Twain que dicen: "Si fuera posible cruzar un gato con un hombre, mejoraría la raza humana , pero empeoraría la gatuna". Por tanto, si teneis gato, amadlo mucho y aprended de él; si no lo teneis, cuando haya ocasión tened uno, con la certeza de que vosotros no le tendreis a él sino él a vosotros.

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